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Detectar a tiempo el fuego es un requisito indispensable para evitar catástrofes, sobre todo cuando el incremento de materiales inflamables acelera la velocidad de los incendios y la toxicidad del humo. Mención especial merecen los edificios emblemáticos, ya que un sistema de detección eficaz podría haber salvado el 90% del patrimonio histórico artístico destruido en la última década.

La tecnología está avanzando en todos los sectores y en la lucha contra el fuego también, como apunta Antonio Tortosa, Vicepresidente de TECNIFUEGO, la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios. En este contexto, la comunicación de las centrales y sistemas contra incendios es cada vez más necesaria, así como la gestión remota de dichas centrales. Además, “hay que diferenciar las Centrales Receptoras de Incendios (CRI) con las Centrales Receptoras de Alarmas (CRA), al ser ambas diferentes sistemas y modo de actuación en caso de emergencias de incendio y de intrusión.  

Tortosa explica que “las diferentes regulaciones y exigencias normativas definen la necesidad de disponer de sistemas e instalaciones de protección contra incendios en los edificios, las industrias y, en general, las diferentes infraestructuras, con el fin de garantizar la seguridad de los ocupantes y bienes, y limitar el alcance de los daños”. En particular, los sistemas de detección y alarma “monitorizan de forma activa el inicio y la progresión de un posible incendio, así como el estado operativo de otros sistemas de protección, para garantizar su funcionamiento en caso de que se requiera su puesta en marcha”.

Para que la protección contra incendios sea eficaz, los sistemas deben estar permanentemente atendidos por personal formado. “En aquellos lugares en los que no se cuenta con dicha atención permanente, el personal no esté debidamente formado o el sistema pueda quedar temporalmente desatendido no queda garantizada la atención de las señales. En estos casos, se precisa disponer de medidas que garanticen la transmisión de las señales de alarma en el menor tiempo posible, como conectar los sistemas a un centro de control”.

El incremento en el uso de materiales inflamables en la edificación, maquinaria, almacenamientos, procesos, herramientas y artículos cotidianos ha acelerado la velocidad de progresión de los incendios y, especialmente, de la difusión y toxicidad del humo asociado. “La rápida progresión de un incendio, desde su fase incipiente hasta el punto en el que se hace inviable su control, está directamente relacionada con el tiempo que se tarde en iniciar las acciones para su extinción. Por eso, debe considerarse la necesidad de conectar los sistemas de detección de incendios a centros de Gestión de Alarmas de Incendios diseñados para dar un servicio continuado, seguro y eficaz”.

Patrimonio histórico
Mención especial en la detección de incendios merecen los edificios histórico-artísticos. Pablo Muñoz del Olmo, Presidente de la Fundación Fuego, recuerda que “cuando se han cumplido dos años del incendio de la catedral de Notre Dame de Paris, símbolo mundial del patrimonio arquitectónico, artístico y espiritual, vuelve a sobresaltarnos otro desastre con mayúsculas: el incendio de la universidad de Ciudad del Cabo, que ha destruido la mayor colección de obras africanas única en el mundo, convirtiendo en cenizas la memoria de esa civilización”. Y antes de estos hechos, también se perdió “la expresión cultural histórica y artística de la civilización amazónica y del pueblo brasileño con el incendio del Museo Nacional de Brasil”.

Muñoz explica que “estos desastres no son hechos aislados, pues sus causas pueden ser múltiples, principalmente por falta de mantenimiento de las instalaciones o descuidos humanos; pero la propagación de estos incendios viene determinada por un factor clave: la inexistencia de un sistema adecuado de detección que avise o alerte de ese suceso para poder actuar sobre él y minimizar las consecuencias”.

Así, indica que una de las claves principales de la protección del patrimonio mundial es dotar a estos edificios de un eficaz sistema de detección de incendios. “Con esta acción podríamos haber salvado el 90% del patrimonio histórico artístico destruido en la última década, resaltando no sólo la pérdida irreparable del valor sufrida, sino que la inversión económica en esta acción preventiva es infinitamente inferior a la necesaria para su restauración”.

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